martes, 2 de febrero de 2010

Elige tu propia historia


A veces entiendes ciertas cosas pero te da miedo entenderlas, preferirías una y mil veces no tener razón, pero está claro que cuando se piensa de una manera hay un motivo para pensar así. Las cosas no vienen por ciencia infusa. Sería muy cínico decir que el cielo es verde si lo estás viendo azul, aunque hoy más que azul está blanco. De qué sirve preocuparse si no se saca nada en claro, si siempre faltan datos y al final la conclusión es que no hay conclusión.



Como en los libros de mi infancia siempre elijo la página que me devuelve al mismo lugar (El cielo de Madrid, Deluxe) Me pregunto si alguien leía esos libros, me refiero a los de elige tu propia aventura, ¿blanco o negro?, ¿entras o sales?, ¿te quedas o te vas?. Tenías la capacidad de elegir. Ahora bien, como en la vida, algunas decisiones llevan a buen puerto y otras no. Si elegías mal podías terminar entre rejas, muerto o en un círculo vicioso, algo así como una película en la que al terminar una escena se rebobinara y se repitiese hasta el infinito. Pero el infinito no existe, no existe en sentido material, es un concepto, es una idea, algo que imaginas que no acaba pero que no lo puedes tocar, no lo puedes afirmar, no lo puedes demostrar.

6 comentarios:

Lajarín dijo...

Yo sí tenía algunos de esos libros, de cubiertas color rojo. Y siempre me mataban al principio, hahaha...

Por algún lado debo tenerlos; ayyy, qué recuerdos...

Tin dijo...

Yo tenía un montón de ellos (qué mítico ese Tu nombre en clave es Jonás. Lo que más recuerdo de ellos ese sentimiento terrible de morirse. Aunque no pasara de verdad... La identificación con el personaje era muy grande. Lo que no recuerdo es quedar atrapado dentro de la historia...
Los míos eran de tapas rojas.
Qué recuerdos!

Rubén dijo...

A mi hija María le encantan estos libros, que ha descubierto de la mano de Jordi Sierra i Fabra

rakel dijo...

27 posibles finales, es como si tuvieras 27 libros en 1.
Nunca he leido uno de esos libros, no se yo si me gustaria elegir el final, seguro que haria trampa.

Clares dijo...

Querida mía, esos libros los leían mis hijos, así que ya ves. Nunca me gustaron demasiado, porque yo era de las que leía todo lo que mis hijos leían, para tener ideas para la clase de literatura, pero, bueno, no estaban mal como idea participativa de los lectores.
Lo del cielo, ay, es otra cosa. Un día le pregunté a un amigo filósofo -también tengo de esos- si cuando yo decía "rojo", por ejemplo, y él decía "rojo" nos estábamos refiriendo a la misma realidad, puesto que podíamos llamar rojo a la misma cosa y ver cosas diferentes cada uno. Me dijo que era verdad, pero que eso era mejor no pensarlo mucho. ¿Qué quiso decir?

Eme dijo...

Lajarín y Tin, los míos tambien eran rojos, los sacaba de la biblioteca del cole.

Rubén, a ver para cuando la próxima cena!

Rakel, yo los leí cuando era pequeña, no sé si ahora me gustarían, pero lo de elegir tenía su punto. El final dependedía
totalmente de tus elecciones. Puede ser también que me gustaran
porque podian terminar muy rapidamente y yo por esa época era muy vaga!!

Fuensanta, pues clarísimamente quiso decir que podían ser dos daltónicos y la realidad ser verde como la Heineken, je je es broma!!