jueves, 24 de abril de 2008

Vasos vacíos



Buscaba las piezas que faltaban en aquel rompecabezas. El problema fue, que debido a mi impaciencia, no fui capaz de darme cuenta de que cambiaron de color. Me refiero a esas diminutas piezas que permiten ver las cosas desde otra perspectiva, la ironía perfecta de los días inacabados.
Hace ya una eternidad que las perdí.Las olvidé en mi camino hacia lo desconocido.
Caminé por una amplia avenida y quise girar a la izquierda en la tercera esquina. No era difícil, sabía el camino de memoria, ya lo había recorrido otras veces, pero me falló la orientación. Estaba perdida en aquellas calles oscuras que dibujaban laberintos infinitos. Pensé que si giraba, ya no habría vuelta atrás. Giré en silencio y cerré los ojos.No pasa nada, me dije.
No quería volver, la escapada debía de ser definitiva e interminable al mismo tiempo, atributos imposibles para excesivas noches sin dormir.Miradas que sobrevivían a un Verano cruel . Los vasos estaban vacíos, ni una mísera gota en ellos. Me preguntaba repetidas veces qué donde habría dejado la maldita botella pero por aquel entonces yo ya no era capaz de recordar nada y lo peor de todo es que seguía teniendo sed.

3 comentarios:

salvajuan fernandez dijo...

Si tienes sed busca algo azul. Siempre funciona.

jm dijo...

Las mejores cosas son azules. El cielo, el mar por correspondencia. ¿por qué el mejor liquido no iba a ser azul?

Clares dijo...

Qué onírico, qué inquietante. Me he angustiado un poco leyendo. Ese vacío que encuentras, perderse en calles conocidas... Una perfecta pesadilla. Quizás tú tengas oculto otro sentido que yo desconozco. Para mí, que sueño siempre con extrañas ciudades, resulta algo angustioso. Que la próxima vez sueñes -despierta o dormida, pues no hay diferencia- con flores de loto y ríos mansos.