miércoles, 28 de enero de 2009

Lo que tenemos en la cabeza



A veces me da la sensación de que tenemos la cabeza así como ellas, claro que esa forma es ser o de estar no se puede explicar siempre con palabras, a veces las imágenes hablan por sí solas y otras en cambio es preferible imaginar un día claro y soleado, sin frío y sin calor con un mar en calma y un viento apacible. En definitiva un buen día .
Esta tarde he estado echando algunas fotos y la verdad es que estas esculturas son bastante controvertidas, lo mismo te encuentras a una persona que le dice a otra: " qué bonitas! mira es Irene dos" que oyes a otra que dice "es completamente absurdo, ¡cuánta subnormalidad!" y las mira con cara de asco. Yo no digo nada.

7 comentarios:

Clares dijo...

Me gustan esas esculturas. Lástima que hasta el viernes no voy a poder salir por ahí a echar un vistazo. Yo particularmente no tengo la cabeza así. Creo que lo único que tengo en la cabeza son sesos. A veces, al ajillo.

Antonio dijo...

Pues tienes tú razón, debería haber sido infinito... Salu2

CarLitros dijo...

Tienen su aquel... Supongo que será mejor verlas tal cual que en fotos.
Salud !!

Lajarín dijo...

¿cómo que no dices nada?
mójate!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
gracias por la información de la expo de Paquito Panceta, jejeje

García Francés dijo...

Para Damas nostálgicas y Caballeros que no sepan que regalar el Día de San Valentín. Ya ve usted que sigo perdido en los ensueños.

Mademoiselle Cocó Chanel

Hace nada se celebró el 125 aniversario de su nacimiento de una huérfana de madre, abandonada por su padre, que, llevada de su portentoso talento, levantó un imponente imperio del chic y la moda llevado por un afán de ganar dinero, mucho y rápido.

Nunca se casó, por eso gustaba que la llamasen Mademoiselle, y comenzó a trabajar en espectáculos de music-hall, donde la llamaron Cocó. Curiosamente, su nombre completo era Gabrielle Bonheur Chasnel pero fue mundialmente conocida y pasó a la historia de la moda con sus dos alias. Mademoiselle Cocó, Cocó Chanel.

Tuvo grandes pasiones y muchos amoríos. Sus amores, el oficial, Etienne Balsan, el duque Dimitri de Rusia y el duque de Westminster, Arthur Boy Capel, su gran mecenas y el hombre de su vida, luego Paul Iribe y el oficial alemán Gunther Von Dincklage, lo que le costó ser acusada de colaboracionista.

Tras la segunda guerra mundial los locales del número 31 de la Rue Chambón, donde nacio el perfume Chanel Nº 5 permanecieron cerrados hasta el 1954 en que volvió para triunfar de nuevo.

Murió en su suite del Hotel Ritz. Se dijo que era tanta su pasión por el trabajo que “sólo un domingo podía matarla”. Y ella poco antes de su muerte afirmó “estoy segura de que me aburriré mucho en el cielo, de entrada me lo paso mejor en tierra que en los aviones”.

Las señoras, y los hombres amantes de lo ultrachic, le debemos grandes inventos. La petite robe noir y el tailleur en sus tweeds, los collares de perlas de 2000 vueltas, los zapatos bicolor y el famoso bolsito acholado de cadenas. Cocó Chanel. Un mito eterno.

Mademoiselle Cocó Chanel

Ramón de Mielina dijo...

hombre, para gustos los colores... pero vamos que si quería expresar que estamos todos en la parra, pues sí...

eme dijo...

Lajarín, me gusta el simbolismo pero no la escultura en sí.